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Organización Mundial | WT/DS18/R 12 de junio de 1998 (98-2258) Original: inglés |
Australia - Medidas que Afectan a la Importación de Salmón
Informe del Grupo Especial (Continuación)
Distribución y transmisión de las enfermedades de los peces Pregunta 7. ¿Qué agentes patógenos (o cepas de agentes patógenos) se han identificado hasta ahora en los siguientes peces del Canadá: i) salmón del Pacífico, adulto, capturado en el océano; ii) salmón del Pacífico, adulto, capturado en agua dulce; iii) salmón del Pacífico, adulto, criado en agua de mar en la costa del Pacífico; iv) salmón del Atlántico, adulto, criado en agua de mar en la costa del Pacífico; v) salmón del Atlántico, adulto, criado en agua de mar en la costa del Atlántico? Por favor, formule observaciones sobre las respuestas facilitadas a este respecto por Australia y el Canadá y, en particular, sobre las discrepancias en las respuestas de las partes (comunicaciones del 7 de octubre, "Respuestas a las preguntas", pregunta 2). En su opinión, ¿qué grado de confianza científica existe para la detección de la presencia de enfermedades o de agentes patógenos con los métodos actuales de supervisión y vigilancia?
6.84 El Dr. Rodgers respondió que algunas de las enfermedades notificadas comprendidas en las categorías citadas más arriba eran las siguientes:
i) Salmón del Pacífico, adulto, capturado en el océano: Renibacteriosis, Kudoa thyrsites, Parvicapsula sp., leucemia plasmocitoide (anemia marina);
ii) Salmón del Pacífico, adulto, capturado en agua dulce: Renibacteriosis, Ceratomyxa shasta, enfermedad de la boca roja (EBR), flexibacteriosis, forunculosis, necrosis hematopoyética infecciosa (NHI), Loma salmonae, leucemia plasmocitoide (anemia marina), síndrome de proliferación renal (SPR);
iii) Salmón del Pacífico, adulto, criado en agua de mar en la costa del Pacífico: Renibacteriosis, Parvicapsula sp. y piscirickettsiosis;
iv) Salmón del Atlántico adulto, criado, en agua de mar en la costa del Pacífico: Necrosis hematopoyética infecciosa, enfermedad del páncreas, piscirickettsiosis y septicemia hemorrágica viral (SHV);
v) Salmón del Atlántico adulto, criado, en agua de mar en la costa del Atlántico: Renibacteriosis, enfermedad de la boca roja, forunculosis, anemia infecciosa del salmón (AIS), Vibrio salmonicida.
6.85 Había discrepancias en las respuestas de ambos países con respecto a la pregunta relativa a la presencia de determinados agentes patógenos en el salmón canadiense. La respuesta del Canadá era más detallada en el sentido de que subdividía ulteriormente las categorías de salmones en los cinco grupos citados anteriormente. Por consiguiente, era una información mas útil y precisa y, en consecuencia, probablemente había sido la causa de la mayoría de las diferencias entre las dos respuestas. Por ejemplo, ambos países reconocían la presencia de forunculosis en el salmón del Pacífico capturado en el océano, pero el Canadá especificaba la respuesta afirmando que, sin embargo, no se producía en los peces capturados en el océano, sino sólo en los de agua dulce y los de criadero. Lo mismo se podía decir de la enfermedad de la boca roja, que el Canadá sostenía que no se producía en el salmón del Pacífico capturado en el océano ni en el salmón de criadero (de las especies del Atlántico y el Pacífico) en la costa del Pacífico. 6.86 En otras respuestas Australia indicaba una presencia desconocida o dudosa, debido a la falta de un estudio científico definitivo o a dificultades de detección, mediante el uso de un signo de interrogación (es decir, ¿sí? o ¿no?). En todos esos casos, el Canadá daba un "sí" o "no" definitivos. Las discrepancias principales relativas a las preguntas conflictivas se referían a la presencia de vibriosis (V. anguillarum y V. ordalii) en el salmón del Pacífico silvestre capturado, el virus de la anemia del salmón del Pacífico (SCIE) en esta especie, la septicemia hemorrágica viral (SHV) en el salmón del Atlántico cultivado, el síndrome de proliferación renal (SPR) en el salmón del Pacífico silvestre capturado y la anemia infecciosa del salmón (AIS) en el salmón del Atlántico criado en la costa oriental. El Canadá señalaba específicamente que no se conocía la presencia del SCIE y el SPR en ninguna de las cinco categorías de salmón. Aunque había algunos informes en la bibliografía científica sobre la presencia de esas dos enfermedades en el salmón del Pacífico en el Canadá, lo más probable era que se refirieran a peces juveniles y no adultos y, en consecuencia, la declaración de que no se había detectado en los peces adultos sería cierta. Por lo que respecta a la vibriosis en el salmón del Pacífico capturado en el océano, era probable que se tratase de una enfermedad generalizada en el medio ambiente marino, pero en este caso particular no estaba claro qué referencias específicas se habían utilizado como prueba positiva o negativa en este punto. La presencia de SHV en el salmón del Atlántico del Canadá, que no se mencionaba en la respuesta australiana, correspondía a información publicada en 1995, de la que posiblemente Australia no tenía conocimiento en ese momento. El diagnóstico hipotético de la AIS en el salmón del Atlántico criado en el Canadá se había notificado verbalmente en una conferencia internacional de ictiopatólogos en septiembre de 1997, pero el Canadá no indicaba la situación presente de esta enfermedad en sus respuestas a las preguntas. Sin embargo, tal vez esto no fuera extraño, puesto que se trataba de una adición al Informe final australiano (en lugar de Kudoa thyrsites) y aparecía por primera vez en las respuestas a las preguntas del Grupo Especial. Por consiguiente, era muy probable que el Canadá ignorase que debía formular observaciones sobre la situación presente de esta enfermedad. 6.87 El Dr. Rodgers observó que ambas notificaciones se basaban en gran medida en comunicaciones personales de respetados ictiopatólogos y que deberían aceptarse al pie de la letra, puesto que por falta de tiempo, no era posible corroborar toda esta información. Sin embargo, dicha información se basaba normalmente en datos más recientes y solía ser inédita, aunque podía contener un elemento de opinión subjetiva y de hipótesis. La información canadiense estaba subdividida en más grupos de interés, puesto que tenían mayor acceso a los datos de proyectos de investigación, informes veterinarios y programas de supervisión y vigilancia, a los que no siempre tenía fácil acceso toda la comunidad científica. En consecuencia, esto debía representar la imagen actualizada más exacta para las enfermedades en cuestión, puesto que la información de la bibliografía científica publicada podía quedar rápidamente desfasada y muchos informes publicados en el pasado no se continuaban en estudios posteriores más recientes.
6.88 El grado de confianza científica en la detección de enfermedades mediante los métodos existentes de supervisión se basaba en los límites más bajos de detección para cada prueba o serie de pruebas específicas de los métodos de identificación. Actualmente había algunas dificultades con el aislamiento de algunos virus (por ejemplo, el de la enfermedad del páncreas, el de la AIS, etc.) o cepas bacterianas de peces (por ejemplo el largo tiempo de incubación para Renibacterium salmoninarum, agente causante de la renibacteriosis). Además, había un punto límite de sensibilidad para la mayor parte de los métodos de diagnóstico, que hacía muy difícil detectar el estado de portador, salvo con las pruebas más sensibles (por ejemplo, PCR). Sin embargo, incluso estas pruebas tenían límites de sensibilidad, que a pesar de todo eran muy bajos, y no siempre se basaba en el cultivo como requisito previo para la identificación. Sin embargo, estas deficiencias de la sensibilidad de los métodos existentes se aceptaban en general en función tanto de los datos científicos de apoyo (en espera de mejoras) como de las políticas legislativas que estipulaban su uso en los programas de vigilancia ordinarios. 6.89 Con independencia de los motivos para llevar a cabo un examen de la enfermedad, era necesario contar con algún tipo de metodología de muestreo normalizada que permitiera realizar una evaluación razonablemente precisa del estado de salud de una determinada población. Aunque las condiciones locales con respecto a las especies cultivadas o silvestres y la presencia de enfermedades específicas podían variar considerablemente, los principios de dicha metodología de muestreo tenderían a mantenerse constantes. Para diagnosticar correctamente una enfermedad, con frecuencia era necesario demostrar la presencia del organismo patógeno mediante cultivo, seguido de algún tipo de prueba serológica confirmatoria. Sin embargo, había determinadas medidas que podían emplearse para aumentar las posibilidades de detectar la presencia de un organismo patógeno. En los brotes clínicos normalmente era prudente tomar muestras de peces moribundos que presentaban signos clínicos, pero seleccionando al mismo tiempo ciertos tejidos destinatarios. El análisis de peces con síntomas mínimos o nulos (por ejemplo, el estado de "portador asintomático") solía estar sesgado hacia cualquier pez con posibles signos clínicos, seleccionando la edad correcta del pez (por ejemplo, alevines de un mes por lo menos en el caso de la necrosis pancreática infecciosa (NPI) o la selección de peces de cinco meses para la enfermedad del vértigo) y tomando muestras durante los períodos en los que generalmente era más probable detectar la enfermedad (por ejemplo, febrero-abril en Europa para la renibacteriosis). En el examen de peces no sospechosos de tener la enfermedad con fines de selección se tendrían también en cuenta esos factores, pero además se tomarían muestras de un número suficiente de peces para que el muestreo fuera eficaz. Este número solía basarse en el trabajo de Ossiander y Wedemeyer (1973), como se estipulaba en el Manual de Diagnóstico para las Enfermedades de Animales Acuáticos, de la OIE. En ese estudio se indicaba cuál debía ser el tamaño mínimo de la muestra para obtener en cada lote de peces una confianza del 95 por ciento sobre la presencia de ejemplares infectados en la población muestreada, suponiendo una prevalencia mínima de infección igual o superior al 2, el 5 o el 10 por ciento. Por ejemplo, para un nivel del 2 por ciento era necesario muestrear 150 de cada 100.000 o más peces. Este número se reducía a 30 de cada 100.000 o más para el 10 por ciento. Las pruebas con fines reglamentarios se solían realizar con un nivel de confianza del 95 por ciento, suponiendo una frecuencia de la enfermedad del 2 por ciento. Ocasionalmente, podría estar justificado un aumento del nivel de confianza del 95 al 99 por ciento (es decir, 225 peces para el nivel del 2 por ciento) en un examen determinado. Sin embargo, cualquier aumento posterior en el tamaño de las muestras proporcionaba un incremento insignificante de la probabilidad estadística de encontrar un ejemplar infectado. 6.90 A pesar de los intentos de varias organizaciones internacionales, como la CAEPC, la FAO y la OIE, de examinar la posibilidad de elaborar un sistema uniforme de vigilancia, realmente no existía ninguno a escala mundial. Algunos países (por ejemplo, Australia, el Canadá y los Estados Unidos) o agrupaciones comerciales, como la Unión Europea, habían formulado sus propias normas básicas relativas a las importaciones, que estaban bien establecidas en los países con fuertes intereses en la acuicultura o con una pesca deportiva importante. En esta situación, el país o la agrupación comercial de recepción tendía a imponer las condiciones de la importación.
6.91 El Dr. Rodgers observó que otro aspecto que había que tener en cuenta era que las poblaciones examinadas regularmente se consideraban en general con menor riesgo que las poblaciones o productos que no se examinaban o que sólo eran objeto de exámenes ocasionales, puesto que la supervisión periódica proporcionaba una base de datos general de información a lo largo del tiempo. Por ejemplo, se consideraba que la hueva de los salmónidos en libertad presentaba mayor riesgo de enfermedad que la procedente de poblaciones de criadero, ya que estas últimas eran objeto de pruebas regulares a lo largo de toda la vida. Las estimaciones de los datos de prevalencia se solían basar sobre todo en información de la vigilancia obtenida de las autoridades encargadas de la sanidad de los peces en los países posiblemente exportadores, pero tales datos se solían limitar a los países con una supervisión reglamentaria en vigor. Ese tipo de datos, sin embargo, estaba diseñado en la práctica para sobreestimar la prevalencia de infección en los peces capturados con fines comerciales, puesto que el programa de supervisión se orientaba a los peces en los que había más probabilidades de aislar un agente infeccioso, como los peces en período de desove, los alevines y los peces pequeños, y a los peces que mostraban signos de enfermedades infecciosas, como se había mencionado anteriormente. Por desgracia, raras veces ocurría esto con las poblaciones de peces en libertad, porque normalmente no existían programas de supervisión periódica, a menos que el diagnóstico estuviera relacionado con la aparición de una mortandad grande y evidente. Sin embargo, el muestreo de los salmónidos anádromos de retorno en su fase de agua dulce era ocasionalmente la excepción. En muy raras ocasiones se realizaban pruebas para la detección de enfermedades tras la captura de peces con destino al consumo humano.
Pregunta 8. ¿Qué animales acuáticos, aparte de los salmónidos, son conocidos como portadores de alguno, de varios o de todos los agentes patógenos objeto de la presente diferencia? Exponga su opinión sobre las respuestas facilitadas por Australia y el Canadá al respecto (comunicaciones del 7 de octubre "Respuestas a las preguntas", pregunta 3). ¿Serían los factores epidemiológicos relativos a la transmisión de las enfermedades los mismos en todos los casos? 6.92 El Dr. Rodgers respondió que no le había sido posible realizar una búsqueda bibliográfica exhaustiva para determinar qué animales acuáticos, aparte de los salmónidos, eran conocidos como portadores de alguno, de varios o de todos los agentes patógenos objeto de la presente diferencia. Sin embargo, el examen de las listas facilitadas tanto por Australia como por el Canadá ponía de manifiesto que éstas eran completas y fidedignas. La lista de Australia tendía a ser más general en su contenido y utilizaba expresiones como salmónidos, ciprínidos o una amplia gama de salmónidos, mientras que la lista del Canadá era más detallada, puesto que enumeraba especies concretas por separado. Sin embargo, la lista canadiense era incompleta, porque no se ocupaba de todas las enfermedades, aunque la pregunta original se refería a "... alguno, varios o todos los agentes patógenos..." y no parecía que hubiera habido un requisito específico de detallar todas las especies para todas las enfermedades. No obstante, puesto que la lista canadiense no incluía Piscirickettsia salmonis, Renibacterium salmoninarum (renibacteriosis), Vibrio ordalii, Herpesvirus salmonis tipo 1, el virus de la anemia del salmón del Pacífico, el virus de la leucemia del salmón, el virus de la enfermedad del páncreas del salmón, Enterocytozoon salmonis, Loma salmonae, Ceratomyxa shasta, Henneguya salminicola, Myxobolus cerebralis, Parvicapsula ssp., el síndrome de proliferación renal (SPR), el agente de la roseta y la anemia infecciosa del salmón (AIS), la lista australiana era más útil a este respecto. Ninguna de las dos listas incluía Kudoa thyrsites, que en todos los sentidos tenía una distribución muy amplia y una gran variedad de huéspedes. 6.93 La transmisión de enfermedades combinaba numerosos factores biológicos, etológicos y ecológicos que estaban relacionados entre sí. Los factores epizootiológicos importantes para la transmisión de las enfermedades no eran necesariamente los mismos para todas ellas, puesto que eran complejos y numerosos, aunque los aspectos generales fueran comunes. Las enfermedades de los peces se manifestaban como el resultado de una serie de circunstancias, como la base genética, la nutrición, la tensión, las lesiones o la cohabitación. La relación entre las epizootias de las enfermedades de los peces y la densidad de población de éstos era importante, puesto que con frecuencia la superpoblación solía ir seguida de infecciones de bacterias, hongos o parásitos oportunistas. También podían predominar en tales circunstancias enfermedades no infecciosas que se producían como resultado de deficiencias en la piscicultura. Algunos patógenos de peces formaban parte de manera constante y natural del medio ambiente, sin causar normalmente problemas de enfermedad y mortandad (por ejemplo, algunos parásitos). Había una relación única entre los peces, sus organismos patógenos y el medio ambiente, que reflejaba la existencia de un equilibrio entre los tres factores, desempeñando el sistema inmunitario de los peces una función activa en el mantenimiento de dicho equilibrio. Sin embargo, la alteración en una o más características del medio ambiente podía determinar un desplazamiento del equilibrio en beneficio o detrimento de los peces o de los patógenos. Otro factor importante causante de enfermedad era la introducción de un patógeno potencial en un entorno ya estable. La introducción de tipos, cepas o patógenos nuevos podía trastornar el equilibrio natural de una población de peces. Los peces autóctonos disponían de un cierto grado de inmunidad a patógenos importantes de su medio ambiente, pero podrían no haberse encontrado jamás con cepas nuevas.
6.94 Los motivos de brote de una enfermedad eran variados y correspondían a interacciones complejas entre el huésped y la situación causante de la enfermedad. En los casos de interacciones huésped-patógeno, la aparición de una enfermedad representaba una reducción de la resistencia del huésped, como la que se producía durante las fases reproductivas o debido a tensiones derivadas del medio ambiente o unas condiciones deficientes de explotación, junto con un aumento del número de patógenos o de su virulencia. Sin embargo, no estaba claro cuál era el número máximo de células que constituían una infección genuina, puesto que había una gran diferencia en el número de células necesarias para establecer una enfermedad clínica en animales acuáticos. Podría variar entre 1 (por ejemplo, la peste del cangrejo) y 100 (por ejemplo, la forunculosis) o más (por ejemplo, la renibacteriosis). 6.95 El Dr. Rodgers señaló que en general se aceptaba la existencia de cuatro grupos principales de enfermedades en cuanto a epizootiología. Eran las enfermedades esporádicas, que se producían ocasionalmente en un número relativamente pequeño de ejemplares de una población; las epizootias, brotes en gran escala de enfermedades animales transmisibles que se producían temporalmente dentro de zonas geográficas limitadas; las panzootias, que se producían en zonas muy amplias; y las enzootias, enfermedades persistentes o recurrentes como brotes de menor magnitud en determinadas zonas.
6.96 Se había indicado que las poblaciones de peces con una densidad alta mantenían un nivel determinado de ejemplares enfermos, con independencia de que se tratase de poblaciones que formaban bancos en el mar o cultivadas. Sin embargo, en general se admitía la falta de información acerca de la aparición de enfermedades en los peces silvestres. La mayor parte de los estudios se referían a los efectos potenciales de la contaminación en los peces marinos libres y la incidencia de enfermedades en los salmónidos anádromos de retorno. Era mucha menos la información disponible sobre la transmisión de enfermedades entre los peces silvestres y cultivados y viceversa.
Pregunta 9. El Informe final de 1996 (así como sus proyectos anteriores) se ocupa solamente del salmón del Pacífico, adulto, capturado en el océano. En su opinión científica y técnica, ¿entrañan las importaciones a Australia de otros animales acuáticos distintos de los salmónidos o de sus productos el mismo riesgo (o incluso mayor) con respecto a la introducción de las enfermedades identificadas como los que se podrían derivar de la importación de salmón sin cocer del Canadá (para cada enfermedad o de manera global)? Explique el fundamento de su opinión.
6.97 El Dr. Rodgers respondió que la importación de varios otros grupos representaba un riesgo potencial de introducción de la enfermedad que probablemente era por lo menos tan alto, si no más, que el que creaba la importación de salmón sin cocer del Canadá. Estos grupos comprendían peces ornamentales vivos, peces para cebo y morralla para la alimentación de especies cultivadas. Sin embargo, no era posible predecir, sin un estudio de análisis del riesgo de importación, cuál de éstos representaba el riesgo mayor. Ahora bien, la importación de peces vivos para la repoblación de cursos de agua en las que había peces autóctonos y la utilización directa de morralla o peces para cebo como complemento o sustitutivo de la alimentación probablemente sería lo más importante con respecto al riesgo. Los ejemplares que escapaban de un sistema cerrado a uno abierto también podían representar un problema. La introducción de la forunculosis en Australia a través de los peces rojos o en Noruega mediante los esguines de salmón y los primeros brotes notificados de septicemia hemorrágica viral en el rodaballo en Escocia e Irlanda contribuían a respaldar las hipótesis relativas a la importación de peces vivos y la alimentación, respectivamente. 6.98 En un informe reciente sobre el análisis del riesgo (octubre de 1997), realizado por el Consejo de la Industria Pesquera de Australia Occidental sobre la práctica de importar pescado congelado para cebo, se consideraba que ésta era una posible vía de introducción de virus que podían tener repercusiones en la industria de la langosta. El análisis resultante no permitía distinguir entre un riesgo de introducción muy bajo y su ausencia total. En el informe se señalaba que el análisis no permitía llegar a conclusión de que no había riesgo de introducción de una enfermedad exótica, sino sólo que el riesgo de introducir una enfermedad exótica capaz de provocar mortandad en gran escala era muy bajo o inexistente. Junto con esta conclusión el informe identificaba una serie de medidas para la reducción del riesgo que se podían aplicar al pescado congelado para cebo.
Pregunta 10. El Canadá sostiene que, para un agente patógeno determinado, la probabilidad de radicación de una enfermedad es mayor a través de las importaciones de pescado entero con vísceras para cebo y de peces vivos huéspedes conocidos de dichos agentes patógenos que por medio de las importaciones de salmón sin cocer para consumo humano. En su opinión, ¿hay pruebas científicas y técnicas que corroboren dichas alegaciones? En caso negativo, ¿qué factores se necesitarían para apoyar dichas opiniones?
6.99 El Dr. Burmaster respondió que lo consideraba muy probable, pero que no disponía de información independiente a favor o en contra de dicha tesis. 6.100 El Dr. Rodgers respondió que probablemente se podía afirmar que, para un agente patógeno determinado, la probabilidad de radicación de una enfermedad era más elevada en las importaciones de pescado entero no eviscerado como cebo para peces vivos que en las importaciones de salmón sin cocer para consumo humano. Sin embargo, el nivel real de riesgo sería importante, y la opinión expresada en la pregunta 9 era también pertinente aquí. Había que considerar también el hecho de que existían procesos complejos que conducían a la radicación de una enfermedad (véase su respuesta a la pregunta 8). Además, el destino final de un envío particular influiría en la posible radicación de la enfermedad. Por ejemplo, una importación autorizada y cuidadosamente controlada de peces vivos de una especie destinados exclusivamente a fines de investigación entrañaría un riesgo mucho menor que su utilización en la repoblación de corrientes de agua. Los mismos argumentos serían aplicables a las instalaciones de elaboración, puesto que la eliminación no controlada de desechos podía influir en la posible transmisión de la enfermedad (por ejemplo, la AIS en Noruega). También había que señalar que los controles generales que prohibían la importación de determinadas especies y productos o que no lograban diferenciar adecuadamente entre una especie ornamental y otra silvestre con el mismo nombre taxonómico podían promover un comercio clandestino ilegal difícil de controlar. Probablemente esto había influido, por ejemplo, en la introducción y propagación en los últimos años de la viremia primaveral de la carpa en el Reino Unido, aunque el elevado valor de algunas especies de ciprínidos en la pesca deportiva también podría ser importante en tales casos.
Pregunta 11. En sus "Respuestas a las preguntas" del 7 de octubre, pregunta 3, tanto el Canadá como Australia identifican, para las enfermedades objeto de la presente diferencia, no salmónidos que también pueden ser portadores de esas enfermedades. Sin embargo, Australia parece sostener que tal vez fuera necesario realizar un análisis separado del riesgo para esos no salmónidos. ¿Considera que estos no salmónidos pueden representar un riesgo comparable al de los salmónidos? Si se supone que el riesgo que plantean los salmónidos es inaceptable, ¿hay motivos científicos o técnicos que impidan concluir lo mismo con respecto a los riesgos de las mismas enfermedades de los no salmónidos? ¿Qué factores se deben tener en cuenta al comparar los riesgos de introducción, radicación o propagación de una enfermedad por uno o varios agentes patógenos a través de los salmónidos, así como de no salmónidos? ¿Pueden los datos y los resultados contenidos en el Informe final australiano sobre el salmón del Pacífico, adulto, capturado en el océano utilizarse de manera válida en una evaluación del riesgo de las otras cuatro categorías de salmón del Canadá (véase la pregunta 7)? 6.101 El Dr. Burmaster recordó su respuesta a la pregunta 4. Consideraba que el riesgo que representaban los no salmónidos podía ser comparable al de los salmónidos. Con respecto al planteamiento de la misma hipótesis de la aceptabilidad de los riesgos que planteaban los salmónidos y los no salmónidos para la misma enfermedad, indicó que todo dependía de las pruebas particulares. Como indicaba en su respuesta a la pregunta 17, infra, un evaluador del riesgo podría responder a esta pregunta mediante la formulación y combinación de distribuciones de probabilidad para las variables que se derivaban de los siete pasos conceptuales identificados por Nueva Zelandia. Para identificar qué factores se debían tener en cuenta en la comparación del riesgo de introducción, radicación o propagación de una enfermedad para uno o varios agentes patógenos que se sabía que transmitían los salmónidos y los no salmónidos, un evaluador del riesgo debía formular y combinar distribuciones de probabilidad para los dos (o más) modelos. El Dr. Burmaster no creía que los datos y los resultados contenidos en el Informe final australiano en relación con el salmón del Pacífico, adulto, capturado en el océano se pudieran utilizar de manera válida en una evaluación del riesgo para las otras cuatro categorías de salmón del Canadá, porque el Informe final de 1996 no se ajustaba a los niveles mínimos necesarios para una evaluación del riesgo. La evaluación final del riesgo de Nueva Zelandia sí alcanzaba esos niveles mínimos y, como tal, podía contener una respuesta aceptable para las partes en la presente controversia. Si las partes no estuvieran de acuerdo sobre los resultados del Informe final de Nueva Zelandia, no creía que la presente diferencia se pudiera resolver sin una evaluación cuantitativa del riesgo utilizando métodos probabilísticos.
6.102 El Dr. Rodgers indicó que en el fondo la evaluación básica del riesgo sería la misma, pero que un buen modelo de evaluación debía ser modular y, por consiguiente, suficientemente flexible para tener en cuenta cualquier riesgo adicional o diferente que representasen los no salmónidos. Aunque se pudieran comparar los riesgos, cualquier otro riesgo adicional, o los considerados para los salmónidos que no fueran adecuados para los no salmónidos, significaría que había que realizar una evaluación independiente para cada categoría de importación. Además, algunas de las enfermedades en cuestión eran propias de los salmónidos, y en este caso no sería adecuado transferir los datos a una evaluación del riesgo de los no salmónidos. Sin embargo, los no salmónidos podían ser portadores de algunas de las enfermedades de interés, y por lo tanto actuar como agentes de propagación. Básicamente, aunque algunos datos se podían utilizar para evaluar los factores de riesgo, los resultados de una evaluación podían ser diferentes. Esto era aplicable tanto al análisis cualitativo como al cuantitativo. Señaló que las puntualizaciones que había efectuado en la respuesta a la pregunta 1 relativas a los requisitos mínimos para una evaluación del riesgo también eran aplicables en este caso.
6.103 Esto mismo se podía aplicar a las otras cuatro categorías de salmón del Canadá, aunque éstas eran más próximas desde el punto de vista taxonómico y en otros aspectos. Algunos de los datos y resultados contenidos en el Informe final australiano, relativo al salmón del Pacífico, adulto, capturado en el océano, se podían utilizar de manera válida en la evaluación del riesgo de las otras cuatro categorías de salmón. Sin embargo, había que tener en cuenta otros factores para las especies de criadero y las capturadas en agua dulce, en contraposición a las capturadas en el océano. Entre esos factores figuraban la presencia de vectores conocidos (y de especies huéspedes alternativas), el acceso de peces anádromos a los abastecimientos de agua, las fuentes de aguas protegidas, la compra de hueva/alevines/otros peces/productos de peces, el equipo compartido con otras explotaciones de acuicultura (vacunación, máquinas de clasificación, etc.), el personal compartido con otras explotaciones, la densidad local de las explotaciones, la densidad local de explotaciones infectadas (introducción/reintroducción de peces), la distancia al mar, el número de ríos salmoneros locales, la antigüedad de la explotación/incubadora, la producción anual, el tipo de alimentación (elaboración en frío, alimentación complementaria con morralla/peces silvestres), la prevalencia de infección residual en la zona y el tipo de prácticas de ordenación aplicadas.
6.104 La Dra. Wooldridge observó que había respondido a la mayoría de los puntos de esta pregunta en sus otras respuestas. La mayor parte de esos puntos se refería a la técnica de evaluación del riesgo. Los riesgos que representaban los salmónidos y no salmónidos se podían comparar mediante el cotejo de los datos disponibles previos a la introducción más las posibles vías de exposición. La decisión sobre si un riesgo era aceptable o no dependía de numerosos factores, pero si los riesgos se evaluaban como de un nivel semejante (o si de alguna otra manera se consideraba que lo eran), entonces opinaba que debían ser igualmente aceptables o inaceptables, con independencia de la fuente. En la comparación se debía tener en cuenta toda la información disponible. Cualquier dato utilizado en una evaluación del riesgo que fuera válido en otra evaluación podía utilizarse también en ésta. En tales circunstancias muy probablemente estarían incluidos datos procedentes de la exposición posterior a la introducción y posiblemente de la elaboración y la inspección previas a la introducción.
Pregunta 12. ¿Es la evisceración un sistema eficaz para reducir el riesgo de cada una de las enfermedades identificadas a un nivel insignificante? (Véase el cuadro resumido facilitado por Australia en sus "Respuestas a las preguntas", del 7 de octubre, pregunta 3). ¿Serían los efectos de la evisceración, en cuanto a reducción del riesgo de transmisión de enfermedades, semejantes en todas las circunstancias? ¿Qué agentes patógenos se pueden encontrar en la carne (músculos), restos de tejido renal, huesos, piel, agallas, cabeza o sangre? ¿Conoce casos específicos de transmisión de enfermedades de una zona a otra a través de pescado eviscerado importado? ¿Y de transmisión causada por salmónidos eviscerados importados? En caso afirmativo, identifique y describa esos casos.
6.105 El Dr. Burmaster dudaba de que la evisceración por sí sola redujese el riesgo a un nivel "insignificante", pero en el informe de Nueva Zelandia se ponía de manifiesto que la evisceración en combinación con otros factores reducía el riesgo a niveles aceptables.
6.106 El Dr. Rodgers respondió que la evisceración era probablemente un sistema eficaz para reducir el riesgo a un nivel aceptable en algunas de las enfermedades identificadas. El nivel de reducción dependía fundamentalmente del tejido en el que estuviera el agente patógeno y de la eficacia del proceso de evisceración. Muchos de los patógenos de interés tenían la capacidad de mantener su presencia en un determinado nivel tras la evisceración, sobre todo los que podían concentrarse en la cabeza, el cerebro, las agallas, los músculos, el corazón, los restos de riñón y la piel o superficies externas. Distintos patógenos podían afectar a diversos órganos, aunque, dado que los virus eran intracelulares, su eliminación resultaba particularmente difícil. También podían permanecer determinadas bacterias patógenas, especialmente las que provocaban lesiones musculares (por ejemplo, Aeromonas salmonicida) o las que estaban alojadas en el riñón (por ejemplo, Renibacterium salmoninarum). La evisceración tampoco eliminaba todos los parásitos, en particular los localizados en la sangre o en las superficies externas, o bien como quistes (por ejemplo, Loma salmonae, Henneguya salminicola y Kudoa thyrsites). Además, los huéspedes infectados podían ser "portadores" o "reservorios" de un agente patógeno sin mostrar signos externos de estar afectados y, por consiguiente, actuaban simplemente como vehículos de transmisión del agente patógeno. A niveles tan bajos resultaba muy difícil detectar la presencia del agente patógeno y, por lo tanto, determinar qué tejidos concretos estaban afectados.
6.107 El Dr. Rodgers añadió que no conocía ningún caso específico de enfermedades de peces que se hubieran transmitido de una zona a otra a través de salmónidos eviscerados importados o de otros peces eviscerados. 6.108 El Dr. Winton señaló que en la Comisión para las enfermedades de los peces era unánime el convencimiento de que la evisceración era un método eficaz que reducía considerablemente el riesgo de transmisión de enfermedades de notificación obligatoria, con independencias de su fuente (piscifactoría o medio natural). Para los patógenos muy estables (por ejemplo los que formaban esporas) ciertamente podía quedar alguna infectividad residual en la carne o la cabeza de los animales muy infectados (normalmente esto sería más probable que se produjese en los peces procedentes de piscifactorías en las que se hubiera producido un brote de enfermedad con muertes conexas), pero normalmente cabía esperar que el nivel de infectividad en el animal eviscerado fuera mucho menor que en los peces enteros. En la Comisión para las enfermedades de los peces se estimaba que el riesgo de transmisión de enfermedades de los peces por desplazamientos de productos de pescado eviscerado era probablemente más bajo que el de algunas otras actividades (desplazamientos de peces de acuario, agua de lastre de los buques, etc.), por lo que no justificaba las restricciones del comercio. Recientemente, por esa misma razón el Gobierno de los Estados Unidos había modificado su reglamentación para eximir al pescado eviscerado de las prescripciones de certificación previstas en el Título 50. Otros países (por ejemplo, los miembros de la Unión Europea y Nueva Zelandia) habían adoptado también este sistema y reducido o eliminado las prescripciones de lucha contra las enfermedades de animales acuáticos destinados al consumo humano.
6.109 El Dr. Winton indicó que no conocía ningún caso (de salmónidos o de peces de otro tipo) en los que se hubiese demostrado la importación y la radicación de una enfermedad infecciosa de los peces causadas por pescado eviscerado; sin embargo, Australia tenía razón en que podía ser difícil descubrir estos casos si se producían en peces en libertad. No obstante, cuando se habían documentado ampliaciones del área de distribución geográfica de una enfermedad de los peces, casi siempre estaban asociadas con un actividad mayor de vigilancia o con la aplicación de métodos de diagnóstico más sensibles. Había también varios casos documentados en los que una enfermedad de los peces se había introducido en una zona que previamente estaba libre de ella a través de la importación de peces vivos o de huevos para la cría en piscifactorías (el virus de la necrosis hematopoyética infecciosa era un buen ejemplo), e incluso algunas enfermedades se habían introducido por la importación de pescado no eviscerado para uso como alimento de peces de criadero en recintos de redes (virus de la septicemia hemorrágica viral en el rodaballo en el Reino Unido). 6.110 En cambio, también había ejemplos en los que peces que potencialmente contenían niveles altos de un agente infeccioso no transmitían la enfermedad una vez eviscerados. Por ejemplo, aproximadamente el 80 por ciento de todas las truchas arco iris de los Estados Unidos procedían del valle de Hagerman, en Idaho, donde los peces de prácticamente el 100 por ciento de las piscifactorías habían estado expuestos al virus de la necrosis hematopoyética infecciosa (VNHI) o estaban infectados por él. Aunque tal vez hubiera más de una docena de casos documentados de propagación de este virus por desplazamientos de peces infectados o de huevas contaminadas, no se conocía ni un solo caso de transmisión del VNHI asociado con el pescado eviscerado fresco para consumo humano, a pesar de que se vendía en grandes cantidades en los supermercados de todos los Estados Unidos en un plazo de 24 a 48 horas después del sacrificio. Lo mismo ocurría con Piscirickettsia salmonis, que estaba presente en un gran número de salmones de criadero de Chile, y con la anemia infecciosa del salmón, que se había detectado en varias explotaciones de salmón de Noruega. No había casos documentados de transmisión de agentes patógenos a los peces en ninguna otra parte del mundo, a pesar del hecho de que circulaban miles de toneladas de tales productos cada año por todo el mundo como productos eviscerados refrigerados.
6.111 Aunque había pocos estudios sobre la eficacia de la transmisión de una enfermedad de los peces a través de diversos tipos de productos, en el laboratorio del Dr. Winton se había realizado un estudio inédito en colaboración con la empresa Clear Springs Trout Company, de Idaho, donde casi todo los peces tenían algún grado de infección por el VNHI durante las diversas etapas de crecimiento. Se tomaba pescado fresco directamente de la zona de elaboración y se realizaba un muestreo para la detección del virus. No se habían observado pruebas de la presencia del virus en la carne del pescado elaborado mediante el cultivo de células o el ensayo de la reacción en cadena de la polimerasa. Algunos de sus colegas habían realizado también pruebas de detección del virus de la NPI en el salmón del Atlántico importado fresco a los Estados Unidos. Estos estudios seguían inéditos porque no se había encontrado ningún virus. En algunos estudios limitados de salmones capturados en el océano, tanto la incidencia como la intensidad de infección de una enfermedad determinada solían ser más bajas que las observadas en los peces de criadero en explotaciones donde la enfermedad era enzoótica. Para continuar con Australia - Medidas que Afectan a la Importación de Salmón: Pregunta 13 |
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